Un equipo de astrónomos utilizó el observatorio japonés-estadounidense XRISM para seguir una escena extrema: el viento de una estrella azul supergigante cae hacia una estrella de neutrones que gira como un faro de rayos X. Las observaciones, difundidas por NASA el 18 de septiembre, muestran con detalle cómo el gas alimenta las fulguraciones del sistema binario BP Crucis.
La velocidad medida: las líneas de absorción del hierro indican que el plasma se mueve hacia el púlsar a unos 540.000 kilómetros por hora. El sistema se encuentra a aproximadamente 13.000 años luz, en la constelación austral de la Cruz.
Una estrella gigante y un objeto compacto
BP Crucis reúne dos cuerpos muy diferentes. Wray 977 es una hipergigante azul con unas 40 veces la masa del Sol y cerca de 60 veces su tamaño. Por su temperatura y luminosidad pierde material de manera constante en forma de viento estelar: una corriente de gas ionizado que se expande por el espacio.
Su compañera, GX 301-2, es una estrella de neutrones. Tiene más masa que el Sol comprimida en una esfera de unos 20 kilómetros de diámetro y gira una vez cada 11 minutos. Como su radiación llega a la Tierra en pulsos regulares, los astrónomos la clasifican como púlsar.
El gas cae y enciende los rayos X
La órbita de la estrella de neutrones dura 41,5 días. Dos veces durante ese recorrido, el púlsar atraviesa regiones especialmente densas del viento de su compañera. Parte del gas es capturado por la gravedad, se calienta al acercarse y termina produciendo intensas emisiones de rayos X.
XRISM observó el sistema durante unas 16 horas, el 1 de febrero de 2025, cerca del final de una de esas fulguraciones. Su instrumento Resolve registró espectros de rayos X de alta resolución. Las líneas del hierro aparecieron desplazadas respecto de su posición habitual en el laboratorio, una señal que permite calcular tanto el movimiento como la dirección del plasma.
Un disco que aparece, desaparece y cambia de sentido
Los datos sugieren que el gas primero forma un disco turbulento alrededor del púlsar. A medida que la estrella de neutrones se interna en la corriente de material, el disco pierde el momento angular necesario para mantenerse y se desarma. Entonces el plasma puede caer de manera más directa sobre la superficie del objeto compacto.
Cuando el púlsar se aproxima al final de la corriente, el disco vuelve a formarse brevemente, pero con un sentido de rotación contrario al anterior. Todo ese tránsito dura cerca de cuatro días. No se trata de una fotografía del gas: la estructura se reconstruye a partir de cómo las líneas de rayos X cambian con el movimiento y la ionización.
Qué aporta medir lo invisible
La observación convierte un proceso que no puede verse con luz visible en un problema medible con espectroscopía. La velocidad queda codificada en el desplazamiento de las líneas, mientras que la energía y la composición del gas ayudan a reconstruir su recorrido.
Por eso el sistema funciona como un laboratorio natural para estudiar la acreción, el proceso por el que un objeto compacto captura materia. Los resultados también muestran cómo una combinación de sensores, modelos físicos y análisis de datos puede transformar una señal tenue en una historia sobre objetos situados a miles de años luz.
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